sábado, 17 de octubre de 2015

A dona.

A dona, un día, sábado de fieles difuntos, que como otra se fue y no de fin de semana.

Una dama sin poesía, por más que quisiera no me entendería. He tenido a bien en estos años defender la verdad y no encontré apoyo. Por creer que sabía lo que tal vez no sabía me marginaron, no digo despreciar, porque al suponerme conocimiento les podía el miedo a la información. Sabia lo que sé: lo que aprendí al recorrer los años. Me supe vender. Me siento orgulloso de mis actos sin ir a más allá. Sabía más por lo que callaba que por lo que verdaderamente sabía. Me temieron por lo que nunca supe. El tema no es nuevo. Y ahora que paso de todos y una me consideran profesional de contratiempos que no saben resolver y me dicen ven, como el bolero. Escasos de casi todo, y sobre todo, de sentido común, ni me conocen: perdí demasiado tiempo intentando que fueran normales. Ni un destello de autodeterminación, ni el más mínimo atisbo de saber y comprender. Ni un querer siquiera solucionar los problemas.

Viene el asunto al caso porque ahora se pusieron de acuerdo para reconocer mi aportación a la comunidad. Que por el mismo precio podrían seguir sin hablarme. Ni me explico cómo llegaron a la conclusión de que hubo un tiempo que les fui útil y desconfiaron de mí. Ya uno no está para salir en la foto, y más con estos pelos. Seguiré guardando silencio. 

A la pretensión de promover una militancia social activa en asuntos de problemática cotidiana, antes se cumpla la ley. No quisiera que una acabara en los tribunales de justicia sin testigos ni pruebas a favor. Cumplir y hacer cumplir la ley. (No se fíen del oportunismo político y eviten el interés que acaricia egos en busca de proyectos personales).

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