sábado, 14 de diciembre de 2013

Cuando hablo de mí

Generalmente, cuando hablo de mí no suelo presentarme como modelo de nada pero al haber bebido durante tantos años en la fuente de la vida, he de reconocer que tengo que hacer un gran esfuerzo para reconocerme. Debo mucho a la vida, y pongo en conocimiento a quién pueda interesar, que nadie que halla puesto su confianza en mi le he defraudado, pues no he pactado jamás con diablo, ni hice tratos con asesinos, ni maltraté a dona, ay; amo a mi familia y, por ser respetuoso con todo, trato de pasar de soslayo por la vida para no ofender, vivo con lo que tengo y me considero fiel a mi mismo, leal a mis principios y causas. No comulgo con simuladores y cínicos, con malvados insensatos y estúpidos creídos, y me trae sin cuidado la muerte pero no mi amigas.. 
  
Lo cierto es que todos estamos sujetos a los ripios de la condición humana, somos imperfectos, pero yo aprendí de un proverbio popular que dice: "no se debe mear en el baso que después usarás para beber". A veces, hay cosas que si no las digo estoy seguro que dona me ladraría desde el más allá, dónde quiera que esté el más allá.
  
Quien escribe como un quijote con manchas se alegra de corazón que la vida le halla tratado bien. Y soy feliz aunque a veces lo disimule por avergonzarme de que no lo sea todo el mundo. Eso es todo.

2 comentarios:

  1. Yo también me apena ser feliz cuando otros no y entonces me refugio en mi amargura.

    ¡Malditas culpas que no son mías!

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  2. Es cierto. Culpas de otros son. Beso.

    Salud.

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